Desértica
En unos solares baldíos,el espectro espeluznante de un caballo comía los únicos indicios visibles de aquella escuálida hierba que crecía tímida desde las mismas entrañas de la tierra.En ese mismo lugar,según las historias que la gente pasaba de boca en boca,hubo una vez una vieja casona de madera dentro de la cual habitaba como un espíritu en penitencia una vieja con tantos años en sus ojos que ya se había tornado casi ciega por completo y la cual durante las noches oscuras dormía dejando un viejo quinqué encendido junto a la entrada de la puerta con la esperanza de que iluminara a su hijo Hermenegildo,el cual había partido del pueblo hacía ya trescientos quince años y jamás había vuelto a saber de él,en caso de que regresara a la casa en medio de la noche.Decían las historias que su hijo Hermenegildo nunca regresó al pueblo y que aquella vieja también partió una noche en medio de una tormenta de llamas que amenazaron con llevarse la patria entera aquella noche.De ese incendio sólo quedaron aquellos solares baldíos en los cuales aquel remanente de caballo ejercitaba su mandíbula morosamente y la leyenda de que algunos se habían tropezado con aquella vieja,cuando la luna de plata marcaba la media noche por los senderos de la patria,llevando un quinqué en sus manos y llamando a su hijo Hermenegildo el cual no había visto durante trescientos quince años.
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